Como ya hemos venido contando en nuestras Single Review, 2017 está siendo un año cargado de importantes lanzamientos discográficos. A la hora de elegir cuál sería nuestra primera crítica de un álbum completo entre tal abanico, queríamos que fuera especial. Algo que sintiéramos nuestro. Y qué podríamos sentir más nuestro que un disco producido en nuestra Cuenca natal.


Fizzy Soup, la sopa de Juan Palomo
Y es que, aunque Javier Cotorro y Sonia García, los pilares detrás de Fizzy Soup, no hayan nacido en Cuenca, llevan suficientes años viviendo en la Ciudad de las Casas Colgadas como para sentirse conquenses de adopción.  Allá por 2014, este par de jóvenes músicos que andaba probando y jugando con diferentes estilos (rock’n’roll, funk, jazz), decidieron que querían enseñar su forma de entender la música al mundo, y que para ello la única manera de lograrlo sería hacerlo por ellos mismos, sin ataduras de ningún tipo, esquivando la soga que supone trabajar para discográficas o productores.
Dos años después y tras una exitosísima campaña de crowfunding, nos regalan su primer larga duración, Not so Far. En el camino, bombazos como el que supuso su videoclip The Big Black Wolf en verano de 2015, ganador de varios certámenes, o sus victorias en concursos para bandas noveles de grandes festivales como el DCode. Un viaje meteórico obra y gracia del talento y la dedicación, algo que se ve reflejado en su primer trabajo.


Not so Far es un disco tan complejo y rico en sonidos que resulta inclasificable en un único estilo. Sorprende la madurez musical con la se presentan. No se contentan con hacer un disco indie folk como otros tantos que llueven hoy en día. Prefieren arriesgar, dar rienda suelta a la percusión de Sonia, a las guitarras y teclados de Javi, y sobre todo a la fusión de sus voces que bien nos podría recordar a grupos como The XX. ¿Resultado? Temas versátiles y musicalmente muy armados que nos permiten hacer un viaje a través de innumerables estilos musicales. Encontramos de todo, incluso durante una misma canción: When Trees Come Alive, canción que abre el álbum, respira sonido 90, pero no duda en darnos un golpe de Hammond para mandarnos directos a los 70. The Big Black Wolf, uno de los buques insignia de este disco, presenta de forma majestuosa un juego entre el sonido electrónico indie más actual y del más ruidoso indie de principios de 2000. Enorme la transición a la guitarra de Longest Nights (esto es muy personal, pero me recuerda un poco a los mejores Interpol). De ahí paso a la trilogía del folk más actual formada por If you Come, The House of Love y Down in a Bottle (ésta última muy destacable, con un cierto sonido americano sureño que tanto nos gusta en El Hombre que grita). FAR y No Prayers bien podrían ser los dos melocotozanos del disco: aunque está claro que Not so Far es un disco hecho para masticarlo despacio, estamos ante dos temas con los que hasta la audiencia más aburrida se vendría arriba en un concierto. El disco cierra de forma redonda con Beginners, gracias en gran parte al gancho final de esa trompeta al más puro estilo Fleet Foxes.


Parece claro que con este disco Fizzy Soup confirman por qué se les ha señalado como una de las mejores bandas emergentes de nuestro país. Y si a este lanzamiento le sumamos la fuerza de su directo parece sólo una cuestión de tiempo que hablemos de su confirmación. De momento, ya se han hecho un hueco en el cartel del Mad Cool como unos de los ganadores del concurso Mad Cool Talent, con lo que compartirán escenario como bandas como Foo Fighters, Kings of Leon o Green Day entre otros. Quizá su paso al estrellato no esté tan lejos…
Nota: 8/10
Canciones destacadas: The Big Black Wolf, Longest Nights, FAR, No Prayers
Lo mejor: la fuerza, solidez y complejidad de su sonido
Lo peor: oyentes que buscáis hits que entran a la primera, tendréis que armaros de paciencia

17015992_1228389750543086_5433317173318658840_o

Compartir