Siento la tentación de definir el nuevo trabajo de Kaiser Chiefs con una frase que suele utilizar un buen amigo mío francés: C’est de la merde ! Es cierto que quedan ya muy lejos sus primeros álbumes (Employment; Yours Truly, Angry Mob) con los que se posicionaron en la pole position dentro de aquella ola de bandas británicas nacidas a comienzos del 2000… Que sus últimos trabajos fueron perdiendo fuerza y calidad… Que estamos ante el primer trabajo post-marcha del líder de la banda (Nick Hodgson, batería)… Pero el trabajo que se han marcado Ricky Wilson y compañía no deja de ser un ejercicio mediocre de pop electrónico. Ni rastro del rock rabioso que demostraban. No sé si sea que a Wilson le ha afectado de veras su participación como jurado en The Voice UK o que simplemente se han intentado subir al carro de Coldplay de grupos rock que deciden perder su identidad para hacer dinero fácil. Lo que sí representa este disco es un impacto directo a la línea de flotación del grupo que corre el riesgo de hundirse y desaparecer (al menos dentro del mundo indie) como tantos otros grupos de su generación.


Otro grupo en el redil del electro barato  
Dicen que las comparaciones son odiosas. Pues bien, para entender lo que ha pasado con Kaiser Chiefs, comparemos su trayectoria con la de dos bandas: Arctic Monkeys y Coldplay. Las tres bandas nacieron relativamente en el mismo periodo y las tres lideraron la nueva New Wave británica de principios de 2000. Después de 10-15 años, los resultados no podría ser más dispares. Arctic Monkeys han conseguido una evolución fabulosa en su estilo para seguir capitaneando la escena indie. Coldplay decidieron girar disco a disco y de forma progresiva hacia una música más pop electrónica que, nos guste o no, les permite seguir llenando estadios. Ahora miremos lo que ha pasado con Kaiser Chiefs. Sus primeros trabajos estaban cargados de rabia y energía y dejaron auténticos himnos de una época (I Predict a Riot, Oh My God, Ruby…). Los siguientes trabajos fueron paulatinamente perdiendo fuerza y fueron cada vez sonando más planos, pero todavía guardaban la esencia de la banda. Y entonces su líder dijo basta. Mick Hodgson pensó que ya no conseguiría nada musicalmente de la banda, abrió la puerta y se fue. Y en esas nos encontramos con Ricky Wilson (con rol de estrellita de televisión incluido) decidiendo coger las riendas y hacerlo a su manera. ¿Resultado? Adiós al mensaje político del último trabajo (Education, Education, Education & War), adiós al guitarreo y ¡hola pop comercial! Dejemos de lado las letras que impliquen reflexión y hablemos de amor y demás con letras facilonas, ¡sí señor! Y qué diablos, ¡sumémonos al carro de los ritmos disco y si te descuidas hasta te hago algún (mal) falsete y todo! ¡Claro que sí! Pues no Rick, esto no funciona así. Quizá hayas ganado oyentes entre la gente que reproduce las listas de los más escuchados de Spotify, pero te has cargado a lo que te quedaba de masa de fans rockera. Stay together es un ejercicio de pop electrónico malo.

Muy, muy flojo. Y lo peor de todo es que hay momentos en los que la voz de Wilson no pega ni por asomo. Suena forzada. Y ya ni hablemos de algunos de los arreglos que no arreglan nada. Si hace unas semanas alabábamos el cambio de rumbo tomado por Two Door Cinema Club, esta vez la jugada no sale bien. Escuchando el disco, We Stay Together tiene el mérito de, momentos bajos de arreglos y voz de Wilson aparte, ser pegadiza. De lo poco rescatable del trabajo. En Hold in my Soul, más de uno pensará estar escuchando lo último de Katy Perry y se lanzará a cantar “’Cause baby you’re a fireeeeeeewooork”. Parachute parece sacada de los descartes de Chris Martin para su último disco. Good Clean Fun es de las pocas canciones que nos recuerdan que estamos escuchando una banda que antaño conseguía hacer ritmos divertidos, incorporando un cierto toque reggae simpático. Y a partir de ahí el disco sigue con unas cuantas canciones planas, que pasarán sin más al olvido y que por mi parte no requieren más atención. De ellas voy a destacar tres: Press Rewind tiene el mérito de ser la canción más experimental del disco y que, aunque seguimos encontrando a un Wilson algo forzado adaptando su voz, sí que tiene algunos momentos buenos en cuanto a guitarra y ritmo. Sunday Morning es la que podríamos considerar la canción con más esencia Chief del álbum, aunque se nos puede hacer algo plana. Y la canción que cierra el disco, Still Waiting, aunque es mala hasta decir basta, nos deja tras unos segundos de silencio al final una pequeña cara B de rock algo oscuro, con cierto aire beat, pero bastante pegadizo. Una pena no haber explotado eso en el resto del disco…
Dicen los propios componentes de la banda que no iban a pasarse el resto de sus vidas tocando temas con mensaje político, que es muy fácil decir “la guerra apesta” y demás, que lo verdaderamente complicado es hablar de amor y desamor porque los sentimientos son difíciles de explicar… Escuchen y opinen ustedes mismos…

Nota: 3.5/10
Canciones destacadas: We Stay Together, Press Rewind, Sunday Morning
Lo mejor: esperar que en sus conciertos decidan no abusar de su nuevo disco
Lo peor: la sensación de haber perdido la esperanza de que Kaiser Chiefs sean capaces de volver con un buen trabajo