Norah Jones deslumbró al mundo con su primer álbum en 2002 (Come away with me), consiguiendo ganar nada menos que 8 premios Grammy en su debut. La naturalidad, armonía y dulzura de su jazz y blues cautivó al público, vendido desde entonces más de 40 millones de discos. Tras varios trabajos más o menos afortunados probando con diferentes estilos, ahora nos presenta su séptimo álbum de estudio, Day Breaks, en el que vuelve a sus raíces.


Vuelta a los orígenes
Y es que la neoyorquina vuelve a lo grande al estilo que la vio nacer y que la elevó a lo más alto del panorama musical. Atrás quedan incursiones en otros estilos. Adiós a  colaboraciones con el productor Danger Mouse (Gnarls Barkley, Gorillaz, The Black Keys y Red Hot Chili Peppers entre otros)  en búsqueda de sonidos pop que quizá poco o nada tengan que ver con su esencia. Basta de experimentos y vuelta a la base. Y si de colaborar se trata, mejor rodearse de leyendas del jazz: Wayne Shorter (saxo), Lonnie Smith (órgano y voz) y Brian Blade (batería). Y el cocktail funciona.

Ya desde la primera canción (Burn), Jones confirma que su éxito no es cosa del azar: jazz que transporta, tema sensual por los cuatro costados. Pero la cosa no sólo va de Jazz. La segunda pista del álbum (Tragedy) nos devuelve la mejor Jones al piano en un gran tema de blues. En Flipside, la artista del mítico sello Blue Note nos va a transportar a un ritmo vertiginoso a lo largo de un tema que se nos pega con un estribillo contagioso. Quizá sea uno de los temas donde más se aprecia el largo recorrido de la artista en estos últimos años por la gran confluencia de estilos, junto con Day Breaks. Uno de los momentos más puros en cuanto a jazz lo encontramos en It’s a wonderful time for love. Magnífico piano protagonista el que encontramos, sin despreciar el genial trabajo a la batería de Blade. Algo parecido encontraremos en Once I Had a Laugh.  And then there was you es quizá uno de los temas más íntimos de todo el disco (gran acierto en la aportación de instrumentos de cuerda). La versión del Don’t be Denied de Neil Young es seguramente mi momento blues predilecto del álbum, sinceramente brillante. No es la única versión que encontramos en Day Breaks: Peace, de Horace Silver y Fleurette Africaine, del mítico Duke Ellington, canción que cierra el disco, nos traen personales interpretaciones. También en la parte final del disco encontramos Carry On, primer single del álbum, muy accesible al gran público y pegadizo en su escucha y Sleeping Wild, donde quizá la confluencia de estos monstruos del jazz aquí reunidos cobra mayor intensidad.


En definitiva, si te encandiló el primer trabajo ya lejano de Norah Jones, no podemos parar de recomendar su último trabajo. Poco importa si hace ya tiempo que no incluías a la neoyorquina en tus listas de reproducción, ahora te engancharás como nunca.

Nota: 8/10
Canciones destacadas: Burn, Flipside, Don’t be Denied, Carry On
Lo mejor: volver a poder disfrutar de Norah Jones de la forma que nos encandiló
Lo peor: esperemos que anteriores experiencias fallidas no hayan acabado con su hambre por investigar otros sonidos

Compartir