Su nombre, con origen en Berthe Trepàt, un personaje de Rayuela, es un preludio de sus intenciones. Un vendaval de fuerza agazapado en la marabunta musical actual. No en vano, su heterodoxia les ha valido más de una crítica no siempre constructiva. Aunque ellos están bastante acostumbrados y prefieren llevar al límite su originalidad.

Iniciaron su andadura en su Granada natal en 2011, pero fue en 2012 cuando su nombre apareció en el listín de los grandes festivales. Y no pudieron empezar mejor, ganando el concurso de bandas emergentes del Low Cost de aquel año y debutando por todo lo alto en Murcia. En 2014 y 2016 Trepàt encadenan sendos discos, marcados por una evolución clara del experimento más puro a la identidad final con la que enloquecen en sus directos.

Los gorgoritos de su frontman Juan Luis Torné rozan por momentos un histrionismo que nos recuerda inevitablemente a Manos de Topo o los matices del mismísimo (respetos al máximo) Morrissey. Pero aquí la voz está muy controlada, como todo lo demás, por mucho que pueda parecer que su compendio de estilos y formas se ha juntado a lo loco, sin calcular. Su estilo acaba siendo reconocible, y eso es mucho decir en el homogéneo panorama actual. Una originalidad que les ha hecho tener ilustres seguidores declarados como Amaral, los Vetusta o Niños Mutantes.

Torturas en los bares, de su segundo (y por ahora último) trabajo El Amor está en la Tierra fue el temazo con el que festivalearon hace un par de veranos hasta el agotamiento. Ahora se encuentran concentrados en darle forma al que será su tercer disco, por lo que va a ser difícil encontrarlos esta temporada estival. Esperemos ver este nuevo álbum, y su apabullante directo, cuanto antes para despejar la incógnita de con qué nos volverán a sorprender Trepàt.

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